|  Aeróvoros

En la década de los setenta, la escultura de Martín Chirino alcanza el vuelo, se aligera de un peso real y se convierte en un fantástico sueño. 

 

Los  devoradores de aire, los aeróvoros, alzan al espacio la ligereza increíble del hierro forjado, transformándose en alas. La espiral queda en el centro, como el nudo que se resiste a ser deshecho, como la unión del metal con su antigua consistencia, con su ser primigenio. 

 

Los aeróvoros con sus alas abiertas, como si fueran las de un gigantesco pájaro que planea, ven su vuelo detenido en este alarde de ligereza, de ascensión horizontal. La materia de las raíces, transformada desde la materia de los vientos, se ve así convertida en la materia de los sueños.

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